Las 5 decisiones más difíciles que tomé como farmacéutica titular
Gemma Garrell
«Empezar mi carrera como farmacéutica titular justo antes de una pandemia global fue el mayor desafío — y la mayor oportunidad — de mi vida profesional.»
1. Empezar mi trayectoria como titular justo antes de una pandemia
Inicié mi trayectoria como farmacéutica titular en julio de 2019, con muchas ganas, formación y energía. Apenas ocho meses después, el sector farmacéutico se vio completamente sacudido por la pandemia del COVID-19. Fue un periodo de incertidumbre absoluta, en el que aprendí a adaptarme rápido, a gestionar con pocos recursos y a proteger tanto al equipo como a los pacientes. Fue mi primera gran decisión: mantener el servicio esencial a la comunidad, priorizando la seguridad y reorganizando toda la logística diaria para estar a la altura.
2. Transformar la farmacia clásica en un espacio de valor y experiencia
La primera etapa del confinamiento fue especialmente exigente. Tuvimos que actuar con rapidez desde el primer momento: instalamos mamparas en el mostrador, conseguimos guantes, mascarillas y batas para proteger al equipo, y reorganizamos todo el espacio para garantizar la atención segura. Nos enfrentamos a una avalancha de pacientes que acudían a la farmacia no solo por necesidad médica: algunos lo hacían para salir de casa, otros porque no sabían si sus síntomas eran compatibles con COVID-19, muchos por miedo o por desinformación. La farmacia se convirtió en el único centro sanitario accesible, y nuestra labor se volvió doblemente esencial.
Los farmacéuticos estuvimos —y seguimos estando— en primera línea, tanto desde el punto de vista sanitario como humano. No olvidemos que un número importante de profesionales fallecidos durante la pandemia eran farmacéuticos, y que nuestra exposición fue continua y comprometida.
Hoy en día, la situación es más estable, pero los pacientes siguen buscando soluciones en la farmacia: la atención médica telemática no siempre es viable, los teléfonos de atención primaria están colapsados y los desabastecimientos de medicamentos generan angustia en quienes no saben cómo acceder a su tratamiento.
En este contexto, comprendí que el verdadero valor añadido de una oficina de farmacia no podía basarse únicamente en el precio, sino en el conocimiento y en la atención farmacéutica personalizada. Por eso, apostamos firmemente por una formación específica y avanzada en el mostrador, con especialización en áreas clave como dietética clínica y farmacología aplicada, con el objetivo de ofrecer un consejo profesional más cualificado y adaptado a cada paciente. Una vez superada la fase más crítica de la pandemia, también impulsamos talleres sanitarios dirigidos a la población, organizando charlas informativas sobre salud, prevención y autocuidado, además de eventos temáticos para promover hábitos saludables. Paralelamente, el entorno de la parafarmacia evolucionó hacia un modelo mucho más digitalizado, lo que nos obligó a adaptarnos rápidamente al nuevo comportamiento del consumidor online, integrando estrategias omnicanal sin perder la esencia del trato cercano y experto que nos define como farmacéuticos.
3. Apostar por la tecnología como eje de la rentabilidad
No fue fácil decidir invertir en robotización e innovación tan pronto. Sin embargo, la instalación de un robot dispensador, la digitalización de los escaparates y la incorporación de un punto de venta digital supusieron un antes y un después. Ganamos eficiencia, redujimos errores y optimizamos el espacio de venta, mejorando la experiencia tanto para el personal como para el cliente.
4. Redefinir la gestión interna: compras, categorías y fidelización
Uno de los mayores retos fue reorganizar toda la farmacia internamente. Clasifiqué los productos por familias, redefiní protocolos de compras y establecí promociones personalizadas por categoría. Implementé un sistema de fidelización que premiara la recurrencia, no solo la compra puntual. Este cambio nos permitió aumentar la rotación, optimizar stock y reforzar la relación con el cliente habitual.
5. Cambiar la mentalidad de «atender» a «gestionar y liderar»
Como farmacéuticos, estamos formados para dispensar, aconsejar y acompañar al paciente. Pero cuando eres titular, necesitas una mentalidad empresarial. Tuve que aprender a liderar equipos, a analizar indicadores clave, a planificar estrategias de marketing y a rentabilizar cada decisión. Desde entonces, no solo gestiono una farmacia: lidero un equipo, una comunidad y una visión de farmacia moderna, cercana y adaptada a los nuevos tiempos.